El elemento central de la escena es la práctica de la lactancia nodriza. El hospital se encargaba de contratar y pagar, con una modesta remuneración, a nodrizas procedentes principalmente del campo cercano, para que amamantaran a los niños y velaran por su salud e higiene. A medida que crecían, su educación quedaba en manos de las monjas hasta la edad adulta. Los niños eran formados en un oficio, mientras que a las niñas, siempre que era posible, se les proporcionaba una dote y un matrimonio concertado. En caso contrario, continuaban alojadas en el hospital, desempeñando funciones como sirvientas, enfermeras o monjas.